El libro que traemos ha continuación es un caso curioso. Se trata de las Grandes batallas de la Segunda Guerra Mundial. Concretamente nos habla de las batallas de Moscu, Stalingrado, Kursk y Berlin. El autor fue el mariscal soviético Georgi K. Zhukov, el comandante soviético mas laureado de la II Guerra Mundial y que llego a ser el hombre de confianza de Stalin y el segundo al mando de las tropas soviéticas.
Realmente mas que ante un libro, estamos ante una recopilación de una serie de artículos que publico el mariscal Zhukov en la década de los 60 de la pasada centuria, es decir, cerca de veinte años después de haberse producido los hechos. De hecho, el editor original de la obra en ingles escribe el deseo reivindicativo de Zhukov y de ajustar cuentas con el pasado, entre ellos el destituido Kruschev. Se debe tener en cuenta cuando se lee el libro la problemática de la censura en un país como la antigua URSS, donde se manipulaba la Historia hasta el punto de realizar una “damnatio memoriae”.
Por tanto, una vez muerto Stalin y el inicio de la desestalinizacion que se dio con la subida al poder de Kruschev se dio un momento de gloria del mariscal, tras el ostracismo quesufrióo por la desconfianza de Stalin una vez terminada la guerra. Sin embargo, el mismo Kruschev le envió de nuevo al “destierro”, de tal manera que cuando este cayo, llego la hora de la “vendetta”, pero siempre conociendo que limites se podían o no cruzar. Debido a esto, cuanto se lee se debe poner en cierta “cuarentena”, por lo dicho de la censura y por el hecho de ser unos textos escritos por el propio protagonista, puliendo sus errores y magnificando sus éxitos.
La estructura externa del volumen se divide en los siguientes puntos:
1.Indice.
2.Indice de mapas.
3.Introducción y cronología biográfica (David S. Glantz).
4.Prefacio (Harrison E. Salinsbury).
5.La Batalla de Moscu.
6.La Batalla de Stalingrado.
7.La Batalla de Kursk.
8.La Batalla de Berlin.
9.Notas.
10.Indice analítico.
El libro quizás adolece de un escaso numero de mapas. Al inicio del capitulo dedicado a cada batalla se presenta un mapa del teatro de operaciones. Consideramos que es insuficiente, mas aun si el lector no es un especialista en el Frente Oriental o en la geografía de la antigua URSS. Hubiera sido de agradecer el haber recurrido a algún mapa mas para poder seguir el desarrollo de las batallas y los movimientos de tropas de una forma mas ágil. También quizás hubiera sido mas adecuado el incluir las notas a pie de pagina en vez de localizarlas al final de libro. Estas quizás no son muy abundantes, además de ser la mayoría de obras o artículos en ruso o en alemán publicados antes de la elaboración de la obra (recoge el original de la edición inglesa por lo que se ha quedado desfasada en algunas cuestiones). Sin embargo son muy interesas las apreciaciones que realiza el editor, Harrison E. Salinsbury en especial cuando analiza el texto y la intrahistoria de lo que en realidad esta escribiendo Zhukov cuando menciona algún hecho o persona, o cuando no lo cita.
En algunos momentos la lectura del libro se puede hacer un tanto pesada por la sucesión de topónimos o de la onomástica de unidades militares. De haberse contado con un catalogo mas amplio de mapas este problema igual se hubiera eliminado. También hubiera sido de agradecer algún tipo de tabla con la plantilla de unidades y números de efectivos para seguir con mas atención la correlación de fuerzas que se dio en el Frente Oriental, mas aun cuando el libro se esta promocionando para un publico muy amplio y no para especialistas en la materia.
Todo esto muestra un bajo nivel de edición en castellano, limitándose a traducir una obra de los años 60 y a incluir una nueva introducción y la cronología biográfica ya citada, siendo un total de 22 paginas. De hecho, Ediciones Península se disculpa si los originales y documentos que aparecen en la obra son incorrectos, ya que es una “fiel traducción”. Es obvio que acceder a los originales podría ser complicado y costoso, restringiendo el mercado potencial del libro. Pero consideramos que no hubiera sido tan costoso el haber trabajado un poco mas la edición y haber incluido alguno de los elementos ya citados, así como una bibliografía actualizada sobre Zhukov y el Frente Oriental. En este sentido la obra pierde unos puntos que le hubieran podido dar el sobresaliente.
Sin embargo estos defectos quedan compensados por el contenido de la obra en si. Si aceptamos la premisa de que hay temas que estaban vetados y que Zhukov no es ni un historiador ni es objetivo en relación a ciertas cuestiones o personas, estamos ante unos textos muy interesantes. Generalmente se han tenido acceso a diversos textos escritos habitualmente por oficiales alemanes, que siempre descargaban las culpas de sus errores en Hitler y su camarilla y se auto exculpaban no solo de los errores cometidos sino también de los posibles crímenes de guerra que se dieron bajo su mando.
Esta obra es interesante no solo porque la escribiera hace cuarenta años un mariscal soviético, sino porque la escribe quien fuera lugarteniente de Stalin y posiblemente el militar “profesional” (descontando a quienes eran oficiales de “cámara” o policiales) que tuvo en ese periodo mayor contacto con Stalin y vivió para contarlo. Se podría comparar estas memorias con la Cruzada en Europa de Dight E. Eisenhower en cuanto nivel de mando, sino están por encima de este ultimo en ciertos aspectos, ya que no son las memorias del mariscal soviético, aunque utilizo el material de estos artículos para las mismas.
De las cuatro partes que conforman el libro, las tres primeras batallas tienen un peso parecido en el total del libro. Sin embargo, la ultima batalla, la de Berlin tiene la mitad aproximadamente que cualquiera de los otros tres capítulos, dándose además el hecho de que las otras batallas tienen una serie de epígrafes mientras que en el caso de Berlin no hay ninguna cesura en el desarrollo del texto.
Por otra parte, es en esta ultima parte donde quizás el autor es mas acido con respecto a sus oponentes, concretamente en el caso del mariscal Chuikov, al que en el capitulo dedicado a Stalingrado menciona de pasada para reducir el merito de la defensa de la ciudad. Sin embargo en el caso de Berlin se deja de medias tintas y aprovecha cualquier error o inexactitud de Chuikov para desacreditarle. Esta parte de Berlin es sin duda la mas floja del conjunto. Es donde menos datos da y donde menos se centra en detalles el mariscal Zhukov, mas aun si se compara con los otros tres capítulos y la profusión de datos que dio el autor.
La figura de Stalin esta presente a lo largo de todo el libro. Incluso en los momentos en los que disfruto de mayor “confianza” Zhukov con Stalin, siempre se deja traslucir la tensión y el hecho de tener la ultima palabra en cualquier cuestión del dictador soviético. A pesar de que Zhukov haga especial hincapié en el merito de Stalin y en el hecho de sus “virtudes” en la dirección de la guerra, se deja entrever criticas, aunque siempre de forma velada.
Con respecto a Kruschev y teniendo en cuenta que hubo cierta relación de “amistad” entre ambos personajes, y teniendo el peso como comisario político que tuvo en Stalingrado, es curioso la poca importancia que le da en todo el libro, en especial en el capitulo dedicado a esta batalla. Esta sera la técnica que desarrolle Zhukov a lo largo de todo el libro, consistente en no nombrar a sus “adversarios” o en utilizar “eufemismos” para no tenerles que nombrar.
En definitiva, un gran libro por lo que aparece en el y por lo que deja entrever, aunque no acaba de ser una edición redonda y completa por los fallos o defectos ya señalados. Os lo recomendamos como lectura de verano.
DATOS BIBLIOGRAFICOS: ZHUKOV, G.I.: Grandes batallas de la Segunda Guerra Mundial, Ediciones Península, Barcelona, 2009.
Tal día como hoy hace 65 años, comenzó la mayor operación anfibia de la Historia, con el desembarco aliado en las playas normandas, abriéndose el segundo frente que era tan demandado por Stalin. Para algunos este fue el punto de inflexión de la II Guerra Mundial, suponiendo el principio del fin del nazismo. Para otros, fue una simple operación más, sin demasiada importancia porque el peso de la lucha lo llevaron las tropas soviéticas. Sin embargo ni unos ni otros están en lo cierto, siendo una operación importante, que logro distraer al alto mando alemán de recursos que hubieran necesitado para intentar frenar la “marea roja” deseosa de venganza tras los desmanes nazis.
Lo que si es cierto, es que fue la mayor operación anfibia que se había hecho en todos los tiempos, reuniendo una flota como nunca antes se había visto y por tanto, las pocas posibilidades de salir triunfante de la guerra de la Alemania nazi se evaporaron con esta operación.
Stalin llevaba reclamando desde al menos 1943 un segundo frente que obligara al Alto Mando Alemán a dividir recursos, ya que desde el inicio de la Operación Barbarroja, en el verano de 1941, los soviéticos habían tenido que luchar por su supervivencia literalmente, siendo el Frente Oriental el mayor teatro de operaciones en Europa y posiblemente de toda la Guerra, con el mayor numero de tropas implicadas. Stalin reclamaba este nuevo teatro de operaciones para reducir la sangría de sus tropas y así implicar a sus aliados de conveniencia, que mientras tanto, estaban luchando en el norte de Africa y posteriormente en Sicilia e Italia. Sin embargo, estas operaciones no tuvieron la entidad ni la significancia militar o simbólica de Normandia. El mariscal alemán Kesselring una vez que los aliados desembarcaron en Anzio logro tejer una red defensiva conocida como Línea Gótica que impidió un rápido avance aliado, y que les retuvo en la Península Italiana hasta 1945.
La decisión de la apertura de este Segundo Frente tuvo además intereses políticos. El Primer Ministro, Winston Chuchill, pretendía una operación en la zona de los Balcanes, por tanto cerca de la posterior zona de influencia soviética al desconfiar del dictador soviético. Sin embargo, finalmente se decidieron las costas normandas, realizándose toda una labor de distracción a lo largo de los meses previos de la Operación Overlord, como fue conocida el Desembarco de Normandia, incluyendo el uso de un cadáver en la costa de Algeciras con documentos falsos para despistar a la Inteligencia Alemana o el uso del general George S. Patton, como comandante de un ejercito fantasma que tendría que desembarcar en el punto lógico para lanzar una invasión de tal envergadura, el Paso de Calais, considerándose en los primeros momentos del DIA D, como una mera operación de distracción, ya que el desembarco real se daría en tal sector.
EL SHAEF, que eran las siglas del Mando Aliado Occidental dirigido por un general “gris”, sin demasiada experiencia de combate, pero con habilidad política y organizativa, Dight D. Eisenhower, decidió el desembarco en la zona normanda finalmente. Se decidió un gran asalto sobre una serie de playas y no sobre puertos, que podrían haber sido la opción más lógica sobre el papel, pero como demostraron una serie de operaciones, como la de Dieppe o Saint Nazaire, se demostró inviable, ya que estos lugares eran los mejores protegidos de todo el “Muro del Atlántico”, siendo un fracaso asegurado.
Se organizo una fuerza de desembarco de mas de 150.000 soldados, compuesta por divisiones estadounidenses (75.000), británicas y canadienses (83.000) y un pequeño contingente galo, como concesión a De Gaulle, dividiéndose la zona de desembarco en 5 playas, denominadas como Utah y Omaha, para los estadounidenses y Juno, Gold y Sword para los británicos. Posteriormente si triunfaba la operación, se irían acumulando tropas para reforzar la penetración en el territorio enemigo.
A este operativo de desembarco, se le sumaron divisiones aerotransportadas, como la 82 y 101 Airborne americanas o elementos britanicos, que tendría que realizar un salto nocturno en las horas previas al inicio de la invasión, para así crear una “pantalla defensiva” que pudiera retrasar la llegada de refuerzos rápidamente del interior de la Península hacia las playas, controlar los pasos y puentes en la zona, como el posteriormente famoso Puente Pegasus y evitar que las tropas alemanas pudieran inundar las carreteras y pistas, para bloquear el avance aliado, al ser zonas pantanosas.
Sin embargo, esta operación aerotransportada, preludio de la invasión real, fue un fracaso debido a varios motivos. El primero fue la barrera antiaérea alemana, la cual dificulto la concentración de los aparatos que transportaban a los paracaidistas. El segundo y mas grave fue que saltaron de noche, de tal manera, que sin demasiados puntos de referencia y con este fuego, se desplegaron estas tropas por toda la península de Normandia, por lo que en esos momentos iniciales del desembarco aéreo, pocas unidades pudieron actuar de forma orgánica. De hecho, hasta casi el final de junio, la 101 Aerotransportada no contó con todos sus efectivos, estando sus miembros luchando o integrados en pequeñas unidades. El fracaso de este salto nocturno, motivo que la siguiente gran operación aerotransportada, la Market Garden, es decir, la liberación de Holanda y el control de los puentes del Rhin para asaltar Alemania, se hiciera de día, evitándose de nuevo esta dispersión de las unidades paracaidistas.
El plan aliado era de una gran envergadura, contando sin embargo con la rápida conquista del puerto de Cherburgo, que sin embargo, no se dio, por lo que se hubiera podido estrangular la “cabeza de playa” aliada al no poder desembarcar recursos, material y tropas en esos puertos. Sin embargo, el mando aliado había previsto sin embargo esa contingencia, proyectando la construcción de puertos artificiales, llamados Mulberrys. Estos “puertos” en realidad fueron barcos que iban a ser desguazados, pero que en su lugar fueron llevados a la zona de invasión para ser allí hundidos. Posteriormente, se les añadieron de hormigón, formándose una especie de espigones con los barcos previamente hundidos y de muelles con estos módulos, que permitirían un precario abastecimiento, pero que sirvieron hasta la caída de los puertos, permitiendo un lento, pero continuo, flujo de equipo militar y de tropas.
Previamente, se habían ido destruyendo con bombarderos los puentes y nudos de comunicaciones de la zona, para así retrasar al máximo la llegada de unidades de refuerzo ajenas a la zona normanda, llegando a tener la aviación aliada superioridad durante el día, por lo que los convoyes alemanes solo podían desplazarse por tanto de noche. La otrora triunfante Luftwaffen, en 1944 había perdido su superioridad gracias al desgaste que tuvo que sufrir en su misión de proteger las ciudades y el corazón industrial de Alemania por la campaña de bombardeo estratégico, así como por los constantes ataques a sus bases en Francia, por lo que apenas estuvo presente en esos momentos cruciales de la invasión.
El comandante alemán de las defensas atlánticas, el mariscal Erwin Rommel a diferencia de su superior, el mariscal Von Rundstedt, consideraba que era necesario frenar la invasión en las mismas playas y no en el interior, por lo que se había dedicado a una activa campaña de minado de playas, construcción de trampas y obstáculos para las lanchas de desembarco. Pero a pesar de eso, el llamado “Muro del Atlántico” en realidad no era esa formidable defensa que se decía en la propaganda, salvo puntos concretos o estratégicos como los puertos.
Con este contexto, en la madrugada del 6 de junio, habiéndose postergado un día el desembarco debido a las malas condiciones climatologicas, ya que tendría que haber sido el 5 de junio, se lanzo la mayor operación anfibia de la Historia.
Se ha señalado el relativo fracaso que supuso el salto aerotransportado en ese primer día. Sin embargo, en muchos casos, estos grupos aislados y pequeños lograron su cometido de realizar daño al enemigo en cuanto tocaron suelo, lo cual desconcertó aun mas al mando alemán, ya que muchos generales estaban de permiso, como fue el caso de Rommel, celebrando el cumpleaños de su mujer, o en unos “juegos de guerra”, por lo que parte de la estructura de mando estaba fuera de juego. A esto se tiene que sumar el convencimiento de Hitler de que el ataque principal vendría por Calais y la inoperancia de los generales Alfred Jodl y Wilhem Keitel, hombres de confianza de Hitler cuyo principal merito era este, de convencerle de la amenaza real de la operación normanda. Esto supuso que divisiones panzer que podrían haber sido transferidas a la zona de combate, permanecieran esperando a Patton y su “ejercito” en Calais.
Muchas de las tropas “alemanas” en la zona o bien eran muy bisoñas, sin experiencia de combate, o eran reservistas y heridos, que no tendrían un alto espíritu de lucha o bien eran prisioneros o ciudadanos de países ocupados que habían sido enrolados a la fuerza y que casi considerarían mas enemigos a sus oficiales que a los soldados aliados.
Sin embargo y a pesar de esto, el Desembarco y las operaciones que conformaron la batalla de Normandia no fueron un paseo militar. Aunque esa “Muralla” no era tal en realidad, los aliados tuvieron unas 12.000 bajas en ese primer día, entre muertos y heridos, concretándose aproximadamente la mitad en la playa Omaha, donde mas dura fue la resistencia alemana y quizás, peor preparados se estuvo para el desembarco. Los británicos habían desarrollados una serie de tanques especiales para la operación. Algunos tenían un compartimento estanco que convertía al tanque en anfibio e incluso podría ser cubierto por el agua. Otros, podían despejar el terreno de minas u obstáculos mientras que a algunos modelos, se les modifico los cañones, para que pudieran disparar proyectiles para destruir las casamatas de hormigón armado. En Omaha no se utilizaron dichos tanques adaptados, por lo que no pudieron usarlos para despejar la playa más rápidamente.
A pesar de la resistencia alemana, y salvo en Omaha, que estuvo a punto de suponer el fracaso de toda la operación de no haberse podido unir toda la cabeza de playa, en el resto de las playas el desembarco fue mas rápido, aunque sin haberse cumplido las expectativas de esa fase inicial, según la cual, Caen debería caer en las primeras horas.
Este relativo fracaso dio lugar a que se diera una larga batalla a lo largo de todo el verano, debido a la particular orografía del paisaje normando, donde dominaba el bocage, y que permitió a los alemanes una defensa dura, aprovechándose de un terreno irregular y fácilmente defendible.
BIBLIOGRAFIA.
ABC: HISTORIA DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
AMBROSE, S.E.: El Puente Pegasus, Barcelona, 2004.
AMBROSE, S.E.: Hermanos de sangre, Inedita, Barcelona, 2008.
CUENCA TORIBIO, J.M: Historia de la segunda guerra mundial, Madrid, Espasa, 1989.
NORMANDIA 1944. Desembarco aliado y ruptura del frente, Osprey, 1944.
RYAN,C.: El dia mas largo,Inedita, Barcelona, 2004.
WEINBER, G.L.: Un mundo en armas. La Segunda Guerra Mundial: una visión de conjunto. Volumen I. Barcelona, Grijalbo, 1995.
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