Este articulo aparecio originalmente en La Torre Atalaya el pasado 24 de junio de 2005.
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A raíz de las polémicas declaraciones del Doctor Polaino y del posterior desmarque del PP se ha demostrado la falsa neutralidad de muchos científicos" ya que dejan que sus opiniones ideológicas o religiosas, condicionen sus conocimientos científicos, cuando una de las características del saber científico debe ser precisamente la neutralidad.
Acompañando estas polémicas declaraciones, desde diversas bitácoras como Memed el Flaco o la bitacora la Crispacion de Informativos Tele5 se anunciaba que en la revista Epoca se escribía la siguiente frase en relación con los matrimonios homosexuales:
“Tres factores incidieron en el desmoronamiento del imperio (romano): la baja natalidad, el aborto y las prácticas homosexuales. ¿La historia se repite?". (No ponemos el enlace directo a dicho texto puesto que no lo hemos encontrado en la web de época, por lo que nos basamos en las bitácoras que han referenciado dicho texto)
Por tanto, partiendo de la base que este texto ha aparecido en Epoca y ya que defiende el principio de autoridad del doctor Polaino, suponemos que aceptaran los principios de autoridad de los autores que citaremos en este articulo, donde se muestra que la homosexualidad no fue la causa de la caída del Imperio Romano y si fue uno de sus factores la Iglesia Católica. Si no saben de Historia, que no hablen, de la misma forma, que los demás no hablamos de psicología. Empecemos pues.
El eminente medievalista José Angel García de Cortazar (hoy día el Bajo Imperio o el Tardo Imperio es campo de estudio de los medievalistas) sitúa con la muerte de Marco Aurelio en 180 en Viena el comienzo de lo que tradicionalmente se ha hablado como Crisis del Siglo III.
Pero el fin del Imperio Romano, no solo fueron los bárbaros que presionaban cada vez con mayor fuerza sobre el Limes o frontera. La política defensiva desde la muerte de Trajano pondría en peligro la estabilidad económica del Imperio, que comenzaría a cobrar fuerza, como hemos dicho, durante el gobierno de Cómodo.
Por tanto a los problemas puramente militares, se añadieron una serie de factores internos, que el profesor García de Cortazar relaciona con los escasos recursos del Imperio para mantener ese ejercito defensivo, el ineficaz sistema fiscal, la necesidad de emitir mas moneda, por lo que se fomentaría la inflación ocasionando por tanto un daño a la producción de productos y al consumo, de tal manera que mientras que el consumo y la demanda de productos crecía, la producción se iba reduciendo por lo que el precio de los productos aumentaba y muchos campesinos buscaron la protección y el patrocinio de los Grandes Señores para evitar la creciente presión fiscal. Esto a su vez provoco una creciente ruralizacion de la sociedad romana por la escasez de producción y la creciente presión fiscal que se agravaba sobre quienes permanecían en las ciudades.
A todo esto tenemos que añadir que poco a poco, la ficción del poder senatorial dejo de tener sentido y esto acabo desembocando en un gobierno “absolutista” por parte del emperador, que comenzaría a ser denominado Dominus.
Teniendo este enmarque de crisis económica y social por la ruralizacion, la caída de la producción y el agobio fiscal, hará que la cultura romana entre en retroceso, por lo que se daría un auge del tradicionalismo además de cuestionarse cualquier atisbo de racionalismo desde el campo cada vez mas “conservador” y mas ignorante, que se plasmaría por un lado en la adopción de ritos de origen oriental, alejados del Estoicismo y del racionalismo romano.
Es en este momento, cuando el Cristianismo, como un rito oriental mas (Judaísmo y Cultos Mistericos como los de Mitra y Cibeles) cogerá cada vez mas fuerza. En Roma convivieron prácticamente todo tipo de cultos, dándose una convivencia tradicional entre todos estos, por el carácter multietnico de Roma. Sobre todo este conjunto de dioses, que muchas veces eran los adoptados de otros pueblos aunque con otros nombres, estaba el Culto Imperial, que tenia una preeminencia social al ser un culto homogéneo en todos los territorios del Imperio, siendo mas un elemento de unificación y de promoción social, que un verdadero sistema religioso.
Si hemos hablado de García de Cortazar como eminente medievalista, no podemos dejar hablar del profesor Gonzalo Bravo, que ha realizado una magnifica obra para los estudiantes de Historia (personalmente uno de los mejores manuales y libros manejados de todos los que consultamos a lo largo de toda la carrera ) en su “Historia del Mundo Antiguo. Una introducción critica.” En este excelente libro (recomendamos sobre todo la edición antigua de Alianza de 1995, ya que en las nuevas ediciones, se han recortado capítulos para hacerlos mas asequibles a los nuevos estudiantes) plantea el ilustre profesor, que el Cristianismo fue “causa” del declive de Roma, recogiendo una serie de planteamientos expuestos por otros autores y fundamentando en la investigación historiográfica su exposición.
Para el profesor Bravo el Cristianismo es una causa mas, como elemento de disgregación de la sociedad romana tradicional, ya que en vez de unir, separo como se ve en el enfrentamiento “Paganismo – Cristianismo”. Como cualquier estudiante de Historia sabe, ningún proceso histórico se debe únicamente a una causa. Esta disgregación social se dio en un contexto de decadencia no tanto moral pero si política y administrativa, que acabo por apuntillar a Roma, aunque no admite ya la dicotomía tradicional entre causas internas / externas.
Veremos como nos dice don Gonzalo, que en el siglo IV sobre todo, convivieron dos sistemas sociales antagónicos. Por un lado el tradicional pagano y por otro la nueva sociedad cristiana que estaba apoyada por la organización eclesiástica, que acabo apoyando ideológicamente a los nuevos emperadores filocristianos.
Si el Cristianismo inicialmente se había difundido entre esclavos y miembros de los grupos sociales mas desfavorecidos del Imperio, en estos momentos, comenzaría a penetrar entre mas amplias capas sociales debido al irracionalismo creciente por el clima de crisis tanto general como cultural.
Si el resto de las religiones romanas solían ser incluyentes, es decir, que no restringían ninguna otra manifestación externa o interna de devoción a otros cultos, el Cristianismo fue excluyente, ya que solo se creía en Dios, por lo que no rendían culto al Emperador los primeros cristianos y fueron perseguidos en diversos momentos históricos. Con la pujanza del Cristianismo, se romperá parte de la cohesión interna de Roma. Como decíamos, el Cristianismo inicialmente se difundió entre los mas desfavorecidos, pero según crezca su influencia, se comenzaría a dar entre sectores sociales mas importantes, muchas veces entre los escasos habitantes de las ciudades, mientras que el campo siguió siendo un reducto del Paganismo debido a esta mayor irracionalidad. Muchos romanos paganos y cristianos desde el siglo II, se educaron en las mismas escuelas y se aprovecharon de la decadencia del Paganismo oficial para impulsar su nueva Fe. Debemos señalar que para estos primeros autores apologetas, el Cristianismo no solo era una religión. También era una corriente filosófica en la que se fueron incardinando elementos del Platonismo, del Aristotelismo y del Estoicismo, siendo Dios según esta perspectiva, no solo el Redentor de todos nuestros pecados, sino también la manifestación de la Razón divina.
El Cristianismo, a pesar de no ser muy popular entre la oligarquía, cada vez contó con mayor apoyo entre la intelectualidad de la época, como Origenes y Clemente, que en la escuela de Alejandría, se dedico a realizar una serie de comparaciones en clave alegórica entre grandes personajes de la Historia Sagrada y la Historia de Roma. Lactancio (240 – 325) en “De mortibus persecutorum” nos habla de la desgracia y las lúgubres muertes de quienes atacaron a la Iglesia
Por tanto, podemos señalar que el Cristianismo fue un elemento que en vez de ayudar a cohesionar a la población de la época, la separo, a saber, habitantes del campo frente a la ciudad, oligarquía ciudadana frente a otros grupos urbanos. En vez de fortalecer la sociedad, ayudo a fracturarla.
A pesar de todos estos elementos negativos que hemos expuesto sucintamente, debemos señalar que hubo diversos intentos para salir de esta grave situación de inestabilidad política y militar, social, económica e incluso moral, por la fractura social entre Cristianismo y “Paganos”. Estas soluciones se plantearon en la línea de reformas administrativas, militares, un aumento de la presión fiscal, los intentos por estabilizar la moneda e incluso intentos por mantener un sistema moral que ayudase a la recuperación del Imperio.
Frente a estos proyecto, hubo una larga lista de emperadores, sin que salvo casos concretos, pudieran llevar a cabo grandes proyectos, salvo quienes directamente se les podría considerar como locos o demagogos. Excepciones a estos fueron por ejemplo Diocleciano con su Tetrarquia, Constantino o Teodosio.
Según se avanzaba en el Bajo Imperio la moneda perdió interés siendo casi la única base de la riqueza la posesión y el control de las tierras. En palabras del profesor García de Cortazar, la razón por la que las ciudades no dejaron de existir fue por el Cristianismo, asentándose en estas los obispos y una vez que los diversos concilios fijaron que era ortodoxo y que era herético, será a partir de las ciudades desde donde se dé la ofensiva cristiana frente al campo, reducto del paganismo.
En este contexto de cristianización de los paganos, se rompió uno de los principios que se había dado en Roma y que era la tolerancia de cultos siempre que se respetase la figura del emperador. Por tanto la homosexualidad no será quien rompa los cimientos morales de Romo y si como dice el eminente don José Angel, “La expansión cristiana, asegurada por el abandono de las ciudades por sus primeros fieles y su inserción en el campo, desequilibraba el edificio moral del Imperio ... Para comienzos del siglo III, los términos de la situación religiosa del Imperio eran inequívocos: enfrentamiento entre el Cristianismo y la amalgama sincretista de cultos importados y ritos ancestrales”.
Teniendo esta división del Imperio y viéndose el fracaso de las persecuciones que se dieron finalmente con Diocleciano en el 303, con Constantino, que solo se convirtió al Cristianismo en su lecho de muerte, decidió apoyarse en la organización del Cristianismo, para articular a la sociedad romana frente a los problemas externos e internos. En el 313 se concedía a los cristianos la libertad de culto, siendo una religión mas en estos momentos, aunque gozase de cada vez mas apoyo entre los dirigentes.
Sin embargo esta tolerancia fue mantenida también para otros cultos. Constantino mantuvo la tolerancia hacia los símbolos paganos llegando incluso a levantar estatuas y altares paganos, quizás debido a que desde el Senado, se mantenía cierto apoyo al Paganismo, por razones ideológicas además de quizás por mantener una posición de cierta hostilidad hacia el nuevo amo de Roma.
Con esta libertad de acción y sin tenerse que ocultar en ninguna catacumba mas, pudieron reforzar sus posiciones y en 325, el mismo Constantino en el Concilio de Nicea, apoyo la ortodoxia cristiana. Será con Teodosio en 380 cuando el Cristianismo era la religión oficial de lo quedaba del Imperio. Edward Gibbon, diría en el siglo XVIII en referencia a la decadencia de Roma como “el triunfo de la barbarie y la religión”. A partir de Constantino iremos viendo una serie de medidas legales que perseguían a los cultos nos cristianos hasta llegarse a la decisión de Teodosio, dándose expropiaciones de los bienes de los templos que se mantenían en el paganismo.
Sin embargo entre ambos emperadores, nos encontramos un intento de volver a la situación anterior, de intento de restauración del Paganismo frente a una religión excluyente como la veían muchos romanos, como se dio con Juliano en 362, que defendía el sincretismo religioso. Con este emperador, se dio una política de devolución a sus legítimos dueños de los bienes incautados por la administración, además de dejándose sin efecto la legislación antipagana, pero sin darse una persecución, al menos de forma directa ni sistemática contra los cristianos. Con Juliano se ataco al Cristianismo intentando fomentar las querellas internas dentro de la Iglesia, al admitir las herejías. Intento desarrollar un monoteísmo pagano que sirviera de contrapeso a la creciente influencia cristiana en todos los ámbitos. Finalmente recurrió a medidas anticristianas como las multas a quienes no participasen en los cultos paganos o la creación de un impuesto para los cristianos.
Su muerte en campaña contra los persas (vemos de nuevo como se intento revitalizar al Imperio con el Paganismo y la lucha contra un enemigo exterior) sin embargo trunco este intento sincretista. La leyenda dice que dijo al morir “Venciste Nazareno”. Con la muerte de Juliano, llamado el apostata por sus enemigos cristianos, también moría el Paganismo.
Por tanto, la caída del Imperio fue debida por un lado al conservadurismo económico que no mejoro las condiciones de trabajo ni busco nuevas técnicas de cultivo ni nada similar, sin reinvertirse las grandes rentas y confiando en la mano de obra esclava, que con el tiempo fue un bien escaso, una vez que las campañas expansivas se acabaron y se convirtió Roma en un Imperio a la defensiva, perdiéndose la principal fuente de esclavos, además de no generarse beneficios económicos por el saqueo de nuevas regiones controladas. Será la tierra por tanto la principal y casi única fuente de riqueza y será tal, que cuando haya comenzado la crisis, los grandes señores latifundistas crearan en torno a ellos pequeños “estados” capaces de suplantar a la autoridad imperial, siendo para muchos autores, un precedente del feudalismo.
Por el otro lado, serán todas estas causas morales religiosas e ideológicas, las que ayudaran a romper a la sociedad romana desde el interior, debilitando al Imperio en el momento de máxima presión de los pueblos bárbaros.
Como conclusiones podemos plantear en palabras de otro eminente medievalista, el profesor Emilio Mitre (que estudiante de Historia no ha estudiado con su manual) que la decadencia de Roma fue el conjunto de una serie de causas externas, refiriéndose casi en exclusiva a la creciente presión de los distintos pueblos bárbaros junto con una serie de causas de carácter endógeno, como fueron la crisis institucional, la decadencia económica y moral – religiosa (causas ideológicas del profesor Gonzalo Bravo) que ya hemos señalado con enfrentamientos entre Paganos y Cristianos.
Ningún autor plantea que la homosexualidad fuera una de las causas de la caída de Roma, mas aun cuando todos los grandes generales y políticos tenían cierta tendencia a la homosexualidad. Parece que si es cierto que alguien en Epoca escribió la frase ya señalada, de Historia sabe mas bien poco, porque no se ha leído ni un manual. Esperemos que los defensores del principio de autoridad y del prestigio académico del doctor Polaino, no pongan en duda el de los autores aquí citados.
BIBLIOGRAFÍA:
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SÁNCHEZ SALOR, E.: “Polémicas entre paganos y cristianos, Madrid, Akal, 1986.
Saludos a todos.
Articulo aparecido originalmente en La Torre Atalaya el dia 9 de julio de 2005.
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El pasado domingo 25 de junio, en la excelente bitácora de Don JPQ hacia un interesante articulo titulado “Corto Maltés y la lucha contra los ayatolas” donde reflexionaba sobre el personaje y hablaba que un aventurero como él, regresaría de su exilio para enfrentarse a los fanáticos de todo tipo.
En uno de los comentarios, comparábamos el articulo, con el mito Artúrico, ya que cuando llegase el fin de los días, Arturo regresaría de Avalon para proteger a los ingleses. En esta línea, hacíamos una pequeña reflexión sobre el concepto histórico de Mesianismo.
Según la RAE, podemos definir “Mesianismo” como: “(1ª) Doctrina relativa al Mesías. (2ª) Confianza inmotivada o desmedida en un agente bienhechor que se espera.” Nuestras reflexiones giraran en torno a la segunda acepción y en el plano histórico. Por tanto, no hablaremos del Mesías en cuanto a “Hijo de Dios, Salvador y Rey descendiente de David, prometido por los profetas al pueblo hebreo” y si en el sentido de “sujeto real o imaginario en cuyo advenimiento hay puesta confianza inmotivada o desmedida.” Por tanto nos referiremos a personajes históricos o culturales, con una gran carga simbólica y / o de esperanza y siempre por tanto, en un contexto de sociedad en crisis de algún tipo, generalmente política, económica y social.
Este sentido de Mesianismo fue muy presente en España durante la Monarquía Hispánica, en palabras del profesor Teofanes Egido, que “el mesías hispánico tendría caracteres, atributos, nombre de realeza mas que de siervo de Yahve” al buscarse un “salvador” terreno y no religiosa. En esta categoría podrían inscribirse, a don Juan José de Austria, la gran esperanza hispana durante el reinado de Carlos II o al rey portugués, don Sebastián, que daría origen al “Sebastianismo” luso, como restauración de la monarquía portuguesa y de la independencia frente a la Monarquía Hispánica de los Austrias.
Pero para que se de un “mesianismo” hace falta una sociedad y una cultura donde la religiosidad este presente con mucha fuerza en todos los niveles sociales, recogiéndose la tradición judía del Mesías, aunque trasladándose al mundo político. Quizás por esta razón, el fenómeno aquí tratado esta mejor investigado por la Historiografía en su vertiente medieval que en su vertiente moderna. El Renacimiento fue una cuña en la Sociedad Teocratica medieval, al darse una revalorización de la figura del Hombre, como medida de todas las cosas. Por tanto es natural el paso del Mesías religioso o espiritual, al Mesías político o gobernante.
Por esta divina elección esa sociedad, tendrá conciencia de ser el pueblo elegido por Dios, como lo fue Israel, como lo fue la Monarquía Hispánica durante los Austrias o como hoy día se sienten muchos norteamericanos, ungidos por Dios para proteger "nuestros valores" y extender la democracia por el mundo.
Desde el emperador Carlos V y utilizando las rentas de las Indias como rey de Castilla se difundió la idea de restauración de la unidad de la Cristiandad rota por los Protestantes y como defensor de la misma, frente al peligro musulmán, encarnado en los turcos otomanos y sus aliados los corsarios berberiscos. Esta idea, aunque sin el respaldo del titulo Imperial, que paso a su tío Fernando, lo mantuvo y lo desarrollo Felipe II tanto en su vertiente de enfrentamiento con los Protestantes como en su vertiente de supresión de cualquier enemigo interno, fueran los moriscos sublevados en las Alpujarras granadinas, los focos “luteranos” en Castilla o fueran sus súbditos calvinistas en Flandes.
Esta política continuara en el siglo XVII y será una de las causas de la entrada en la Guerra de los 30 años, como mantenedora del prestigio como defensores de la Cristiandad. El profesor José Maria Jover lo expuso en su tesis doctoral, recientemente editada por el CSIC y la Fundación Española de Historia Moderna, “1635. Historia de una polémica y semblanza de una generación” (facsímil de la edición de 1949, Madrid, CSIC, 2003). Curiosamente, la publicistica gala utilizara para declarar la guerra a Madrid, recurrirá a la creencia gala de ser los nuevos elegidos por Dios frente al expansionismo e imperialismo hispano, ajeno a toda noción de derecho.
El mesianismo terreno podía tener dos vertientes. La primera de ellas era cuando los mismos reyes o sus “publicistas” alababan al soberano, como sucedió con el emperador Carlos V, donde él y no el Papa seria el encargado de volver a unir a la Cristiandad. Por tanto vemos como el Pueblo Elegido necesita un líder, querido y elegido por Dios para vencer a quienes han osado ir contra el orden establecido, es decir, contra aquellos que han roto a la Iglesia como comunidad y se han atrevido a contradecir a los poderes universales, a saber, Papado e Imperio, aunque desde el siglo XIII no tenían mas que poder simbólico y sobre sus territorios patrimoniales. Veremos por tanto como a finales del Quinientos, la población se creía superior por este “amor divino” a todos los demás pueblos, que por tanto deberían someterse.
En este sentido, tenemos que recordar el mito de la “Tercera Roma”, según el cual, Moscú se presentaba como la Tercera Roma, tras las caídas de Roma ante los bárbaros y de Bizancio ante los turcos otomanos, siendo por tanto, los rusos el nuevo pueblo elegido por Dios para defender el Cristianismo de sus enemigos, en este caso en su confesión Ortodoxa. Como plantea la profesora Smokti, se llegara a equipar el hecho de ser ruso, con ser cristiano, siendo el Zar Ivan IV, el primero que se sienta ungido y elegido directamente por Dios, como soberano de su pueblo elegido.
La segunda de estas vertientes, es cuando, precisamente como pueblo elegido, pero que por haberse roto la “Alianza sellada con Dios”, por los malos gobernantes siempre, se necesita a un nuevo “Mesías” que sea quien se haga con el poder de nuevo, para llevar a este pueblo elegido a la gloria que le corresponde. Vemos por tanto un claro afán subversivo contra el poder establecido.
Este “mesías” necesitara aglutinar en su persona no solo elementos sociopolítico, sino que necesitara legitimar esta subversión, con argumentos míticos, además de religiosos, ya que sin ellos, no serian mas que un usurpador o un rebelde y por tanto, todo el peso de la justicia real y divina, caería sobre él. En este sentido, añadimos mas elementos de complejidad al concepto “mesianismo” ya que se entremezclan con él, el profetismo por un lado y el milenarismo. Mientras que el primero podríamos considerar como el referente teórico, que nos mostrara como ante el mal gobierno, es necesario una figura que lidere la reacción, el segundo concepto estaría mas relacionado con la esperanza a un nuevo tiempo, traído por este “mesías” profetizado. Todos estos elementos los podemos ver por ejemplo en el caso de los lideres comuneros, que se enfrentan al “extranjero” Carlos de Gante y que para muchos historiadores fue la ultima sublevación medieval, mientras que para otros fue la primera revolución moderna.
Momentos en los que las “profecías” hacían entrever la necesidad de un “mesías” contra los pérfidos gobernantes, fueron los reinados de Felipe III con la omnipresente figura del duque de Lerma o con Carlos II, el ultimo Austria, con la figura ambiciosa de don Juan José de Austria, que contó con gran popularidad entre el pueblo por sus éxitos militares, ocultándose de alguna forma en la responsabilidad de terceros sus fracasos. En el caso concreto de Felipe III se hablara de la existencia de un gobernante endemoniado, muy cercano al monarca y que seria el responsable de la ruptura entre Dios y su pueblo elegido, por esta perniciosa influencia sobre el rey, que era su representante en la Tierra.
La profesora Tausiet plantea que estas acusaciones veladas, fueran un ataque al duque de Lerma ante la creciente acumulación de poder y la corrupción, directamente proporcional a la decadencia cada vez mayor en todos los campos. En esta misma línea, cuando el Conde Duque de Olivares, la profesora Tausiet nos muestra acusaciones similares en los momentos de máxima declinación del poder hispano y máximo de poder del valido. En esta ocasión, tendría una especie de demonio familiar a su servicio.
Esta declinación y decadencia se acentuó en los últimos años de reinado de Felipe IV, el cual mostró complejo de culpa, considerando que los fracasos correspondían al justo castigo de Dios por su vida disoluta. Mas fuerte fue la tendencia con su hijo Carlos II. Debemos señalar la existencia de una regente, Mariana de Austria, que confio el poder en un jesuita extranjero, el Padre Nithard y de un personajillo de humildes orígenes, pero de gran ascendiente sobre la reina, como fue Fernando de Valenzuela, que demostró como máximas capacidades, sus dotes de intrigante y de “correveidile”, sin ningún talento para gobernar. Su incapacidad para gobernar, no fue lo que mas ofendió a los Grandes de España, sino el hecho que un advenedizo llegase a ostentar dicha distinción.
De esta forma, la nobleza utilizo un expediente similar al usado contra Nithard. Se inicio con el descrédito de su figura a través de todo tipo de libelos, que irían desde muestras de xenophobia por su origen austriaco o atacando su capacidad de gobierno. El paso siguiente, era movilizarse contra el hombre fuerte, siendo “ariete” de este descontentos Don Juan José.
Con Valenzuela asistiremos ante el mismo proceso, dándose un ataque desde el campo de la “publicistica”, siendo el responsable el causante de la ruina de España, como estudio en su día el profesor Egido. Por tanto, si tenemos un mal gobernante, alguien que esta arruinando al reino, hará falta alguien que invierta esta tendencia tras hacerse con el poder.
Por tanto, en este caso los partidarios de Don Juan José, llevaran a cabo una potente campaña “publicitaria” con una clara intencionalidad de denigrar a Valenzuela a la vez de glosar la magna figura del hijo de Felipe IV, realzando sus éxitos y ocultando sus fracasos, como en Dunkerke o en Portugal. Aun así, posiblemente era el general hispano mas sobresaliente de la época, pero con muy poca influencia política por sus oscuros orígenes.
Siguiendo al profesor Egido, fue el momento en el que mas se necesitaba entre el pueblo, de un “mesías” en el sentido de tener “confianza inmotivada o desmedida en un agente bienhechor que se espera” y este “agente” no era otro que don Juan José, siendo quien tendría que redimir al pueblo y al reino de los malos gobernantes, causantes de la ruina de España. Todas estas esperanzas puestas en Don Juan Jose, recordando a las hazañas de otro Don Juan un siglo antes fueron generadas por todas estas satiras y libelos que denigraban al oponente y realzaban al “mesías”. Cuando se vea que sus reformas y proyectos no son efectivos, toda esta ilusion comenzara a desmoronarse.
No debemos olvidar la gran cantidad de arbitristas (RAE: “Persona que inventa planes o proyectos disparatados, para aliviar la Hacienda pública o remediar males políticos.”) que hubo desde finales del siglo XVI y a lo largo de todo el XVII. Aunque muchos de ellos fueran “iluminados” que pretendían regenerar a la Monarquía, entre estos, se podrían incluir a personajes como Ortiz o González de Cellorigo entre otros.
Don Juan mientras gobernó entre 1677 – 1679, intento llevar a cabo una serie de medidas, aunque rápidamente esa imagen de “mesías” se desgasto rápidamente perdiéndose el apoyo popular y de los mismos nobles que buscaron su apoyo, pero que no aceptaron de buena manera que un bastardo fuera el hombre fuerte de la Monarquía y no ellos. Tras todas las ilusiones generadas y en parte fomentadas por los seguidores del hermano del rey, se fueron convirtiendo en descrédito y en oposición, al ver que no lograba sus frutos, de tal manera, que desde la oposición se comenzó a desarrollar la imagen de “mal gobernante”.
Su muerte, le evito la humillación de ser apartado del poder, habiendo sido otro gobernante devorado por la acción de gobernar. Quizás Don Juan José, haya sido el mas humano y el mas terreno de todos estos casos de “mesianismo político” que hemos traído a colación.
BIBLIOGRAFÍA:
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Este articulo aparecio originalmente en La Torre Atalaya el dia 27 de marzo de 2005.
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La muerte de Carlos III en 1788 y la subida al trono de su hijo, Carlos IV que podía implicar un continuismo “reformador” se rompió con la Revolución Francesa agravándose la relación con el país vecino según avanzaba el proceso revolucionario, llegando este a afectar la política interior (cambios de gobierno de Floridablanca a Aranda y ascenso espectacular de Godoy) como exterior de España (participación en la Guerra de la Convención contra la Francia regicida entre 1793 – 1795). En este contexto, quien acabo siendo el arbitro de la política española fue el guardia de corps, ascendido como dice el profesor Pere Molas Ribalta por “un favoritismo inconfesable por parte de la reina Maria Luisa de Parma y de la debilidad del monarca”.
En estos momentos, hubo muchos personajes que aspiraban a ocupar diversos puestos de responsabilidad. Uno de estos personajes, fue Alejandro Malaspina , al cual nuestra amigo Eduardo , dedico un curioso articulo relacionado con la disciplina y la moralidad durante su magna expedición.
Habiendo sido nombrado brigadier de la armada (no olvidemos que el empleo en la carrera militar de almirante no se especifica en nuestra marina hasta el siglo XIX) aspiro a ocupar un alto cargo en el nuevo gobierno de Godoy. Con el prestigio que logro como navegante y comandante de una de los grandes viajes científicos, Expedición Malaspina posiblemente pensaría que era una persona mas que capaz de desempeñar algún tipo de alto cargo, como podía ser la Secretaria de Marina (equivalente al Ministerio de la Marina).
Sin embargo sus pretensiones no se cumplieron, no accediendo a dicha secretaria, por lo que comenzó a desarrollar una hostilidad hacia el nuevo hombre fuerte. Esta hostilidad acabo por desembocar en una conspiración palatina en 1795, en la cual Malaspina parece que fue uno de los organizadores.
Esta conspiración se puede relacionar con la hostilidad de la facción del Conde de Aranda, tras haber sido desplazado del poder por el antiguo Guardia de Corps, radicalizándose las posturas del Conde pudiéndose casi considerar que paso de tener como objetivo a Godoy a fijarse en la critica del sistema en general, ya que por el peligro revolucionario, se dio un proceso por el cual cualquier mínimo atisbo reformador, se veía casi como una entrada a otra revolución. Se crearía un nuevo gobierno donde entre otras figuras, nos encontramos con Melchor Gaspar de Jovellanos, el cual sufrió destierro y prisión por la enemistad manifiesta tanto de Godoy como de la reina.
Sin embargo esta conjura fracaso por diversas indiscreciones, dándose el proceso contrario al que buscaban los conjurados, como señala el profesor Emilio Soler, por el cual sirvió para consolidar el poder de Godoy.
El brigadier Malaspina fue encarcelado tras descubrirse dicha conspiración siendo finalmente desterrado a Italia muriendo en 1809. Esta encarcelación y el descrédito que sufrió por dicha razón hicieron que parte de los datos recogidos durante su expedición, no fueran utilizados en su momento.
Saludos a todos.
BIBLIOGRAFÍA.
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MOLAS RIBALTA, P.: Edad Moderna (1474 – 1808), Madrid, Espasa Calpe, 1996.
SÁNCHEZ MANTERO, R.: “La oposición política a Godoy” en La aventura de la Historia, 4, 1999, pp. 72 – 77.
SOLER PASCUAL, E.: Antagonismo político en la España de Godoy. La conspiración malaspina (1795-1796).
Dedicada al estudio de la Historiografía, con artículos dedicados a la reflexión acerca de nuestra disciplina histórica, como sobre los distintos períodos históricos y ramas de nuestra disciplina.
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